Los siglos XVI, XVII y XVIII se revelan para la Historia Postal de
España como uno de los períodos de tiempo más desconocidos y enigmáticos. La
total ausencia de unas normativas postales hace que para llegar a su
conocimiento se deba recurrir tanto al estudio de breves retazos manuscritos
sobre el funcionamiento del Correo dimanada de los propios sobrescritos, a la
escasa documentación llegada hasta nuestros días sobre juicios y pleitos
llevados a cabo con el objetivo de conseguir el control del incipiente servicio
público-postal para obtener el lucro personal de su explotación y, posiblemente
el aspecto más importante, un estudio pormenorizado de los aspectos postales
realizado directamente sobre los fondos de correspondencia que, circulados en
dicho período, por suerte han llegado hasta nuestros días.
El sistema postal abierto al público en los siglos XVI y XVII se basó
exclusivamente en el método del arrendamiento, los sucesivos Correos Mayores de
España transferían la gestión de los diferentes Oficios de Correo a asentistas,
personas que mediante el pago de un canon al Correo Mayor adquirían los
derechos de explotación de su Oficio postal, con plenas competencias para su
gobierno. Estos arrendadores, a su vez, tenían plena potestad para subarrendar
su negocio, o porciones de él, a terceros. Por tanto, fue éste propio método de
arriendos el que en sus inicios propicie que el sistema de tasas cobradas por
el transporte de los sobrescritos fuera desigual, diverso y totalmente
heterogéneo, donde cada asentista, denominados postalmente “correos menores”,
aplicaba una tarifa sobre las correspondencias que gestionaba de forma
particular, con la que perseguía su exclusivo lucro. Esta descentralización del
servicio de Correo generó una serie de desigualdades e inconvenientes que se arrastró,
y padeció, hasta al menos la primera mitad del siglo XVIII.
La interpretación de los textos de diversos documentos llegados hasta
nuestros días cuyos protagonistas fueron el Correo Mayor de Valencia, D. Pedro
de Valda y Mota, y su homólogo en el Reino de Aragón, D. Bartolomé Bernardo de
Albión, nos indican la existencia ya desde el siglo XVI de una tarifa que denominamos
de costumbre, un baremo de tasas que a pesar de no existir una legislación que
lo regulara se aplicaba a la correspondencia enviada por los particulares entre
unos y otros Oficios en la península. En dicha tarifa el factor distancia, al
igual que ocurre hoy en día, no era determinante ni tenía relevancia alguna,
sino que la tarifa era proporcional al volumen y establecía el importe de medio
real, 17 maravedíes, como base por el envío de una carta. La carta sencilla era tasada con medio real, 17 maravedíes, y estaba
compuesta de un pliego de papel cuya medida en aquellos años era ligeramente
superior al tamaño DINA3 actual, a una carta de dos pliegos se aplicaba un
porte de 1 real o 34 maravedíes, la de tres pliegos un real y medio, y así
sucesivamente seguía la proporción.
Para sustentar con datos fidedignos el
empleo de esta tarifa hemos recurrido al estudio que se realizó sobre el
archivo Simón Ruiz (1553-1630), constatando que el empleo de la tarifa de
costumbre era una realidad, siendo la base de ésta el medio real de porte por
el envío de una carta de un pliego. El inicio y la apertura del correo a los particulares fue generada por
los diferentes Correos Mayores que gestionaban un territorio postal, éstos
llegaban a acuerdos con Correos Mayores de otros ámbitos geográficos y
establecían un sistema de intercambio postal, basado en estafetas, que
comunicase ambos puntos con una frecuencia fija. La costumbre de la época
dictaba que si recibías una carta era casi obligado responder a la misma,
creándose de esta manera un tráfico postal ininterrumpido, siendo el Correo
Mayor de destino quien cobraba el porte de las cartas que recibía. Este nuevo
sistema postal fue tan lucrativo que dio origen al denominado Pleito de las
Estafetas, donde diversas partes litigaron por su control, inclusive hasta el
propio Rey que fue quien obtuvo finalmente los derechos de su gestión.
Es muy importante remarcar que la anotación del porte era realizada por
el propio remitente, como así atestigua la grafía de los sobrescritos donde la
misma mano es la que escribe el nombre del remitente, destino y la anotación
del porte. Esta era la práctica empleada de forma general en los siglos XVI y
XVII, que debido a ello se hizo norma. Este aparente y sencillo hábito fue
uno de los mayores problemas a los que se enfrentó la centralización del
servicio postal con la incorporación del Correo como una renta más a ser
gestionada por la Corona a partir de 1717, que como demostrará la realidad
costará años erradicar de la mentalidad colectiva del público. El motivo que dio origen a esta práctica no esta claro, pero es una
evidencia que cuando se abrió el servicio postal a los particulares eran los
Correos Mayores quienes tenían la potestad de aplicar los portes, y
posiblemente los remitentes en previsión de que se les aumentasen la tasa por
el envío de una carta escribiesen ellos mismo el importe.
En el Oficio del
Correo Mayor del punto de origen era donde se debía de realizar la tasación del
envío pero nos consta que éste no tenía facultad, y sí muchas limitaciones,
para rectificar aquellos sobrescritos que ya eran depositados con el porte
manuscrito, pese a ello sí tenía la facultad de poder retener y no enviar
aquellas cartas que no se ajustaran a la tarifa, aunque sino enviaba las cartas
ya porteadas éstas no generarían una respuesta y por tanto al ser ésta la base
principal de sus ingresos mayoritariamente se enviaban.
También resulta significativo resaltar, y el archivo Simón Ruiz así lo
evidencia, que a pesar de la tarifa de costumbre que establece el medio real
por pliego respectivamente como base para el cálculo proporcional del porte,
existe una multitud de otros portes, que aunque son casi residuales,
proporcionalmente hablando, su presencia no deja de ser un indicador de que
otros factores podían influir en la aplicación de la tasa. En concreto está
documentada la existencia de 17 portes diferentes aplicados a la
correspondencia atesorada en este fondo de correspondencia, siendo los importes de 8, 10
y 12 maravedíes los mayoritarios dentro de este escaso grupo de tasas ajenas a
la tarifa de costumbre que era la generalmente aplicada. Existen diversas hipótesis para dar una explicación del porqué de estos
portes más moderados, entre las cuales señalamos algunas que cabe destacar:
pudieron ser debidos a acuerdos o convenios establecidos entre los remitentes y
los Correos Mayores de origen; también a incentivos ofrecidos a los remitentes
por el envío de sobrescritos, a una mayor remesa de envíos una reducción en el
porte pasando de un cierto número de cartas enviadas, o por último quizá
aparecieran algunas cartas escritas en medio pliego de papel a las cuales no
podría aplicarse el criterio establecido de medio real por pliego acorde a la
tarifa de costumbre, cartas a las que resulta obvio se debiera reducir la tasa
aplicada a la hora de establecerla.
A medida que avanza el siglo XVII podemos observar que se siguen
manteniendo las costumbres comenzadas años atrás, un análisis llevado a cabo
sobre la correspondencia dimanada del fondo de correspondencia Carminati (1649-1674), aunque
mucho menos cuantiosa que la guardada en el fondo Simón Ruiz, sigue mostrando
que el sistema postal imperante apenas ha cambiado y se siguen manteniendo las
mismas prácticas empleadas años atrás y, por tanto, profundizando aún más, debido
a su extensión en el tiempo, se muestran afianzadas unas costumbres que
posteriormente se padecerán en los Oficios de Correo una vez éstos sean
centralizados por parte del Rey Felipe V. Se observa la aparición de unos primeros, y significativos, cambios
dentro del último tercio del siglo XVII con el aumento espectacular de portes
de 8 y 12 maravedíes en detrimento del porte de medio real, siendo un riguroso
estudio llevado a cabo sobre la correspondencia de la Orden de Jesús la que
evidencia estos cambios. Realmente es muy escasa la correspondencia llegada
hasta nuestros días, circulada antes del 1 de enero de 1717, entre los hermanos
de esta Orden que presente porte de medio real, mostrando de forma mayoritaria
una reducción del porte establecido en la primitiva tarifa de costumbre con
tasas de 8 y 12 maravedíes. Asimismo, diversas de estas correspondencias
comienzan a manifestar un tímido intento de control del Correo por parte de
empleados postales, quienes comenzaron a anotar en las cubiertas de las cartas
tanto el porte como el encaminamiento de los sobrescritos.
El 1 de noviembre de 1700 muere en Madrid el Rey Carlos II sin dejar
descendencia, fue el último de los Habsburgo en sentarse en el trono español. La
herencia de la Corona de España originó un conflicto internacional que
desembocó en la que se denominó Guerra de Sucesión. Casi todos los soberanos
europeos reconocieron a Felipe de Anjou, el primer Borbón que reinó en España,
como heredero al trono español y lo hizo bajo el nombre de Felipe V, quien
llega a Madrid el 18 de febrero de 1701 cuando contaba con 17 años de edad. La
Guerra de Sucesión, como indica su nombre, enfrentó a dos bandos por el
objetivo de conseguir la sucesión y sentarse en el trono español. Como en todos
los conflictos bélicos es necesaria una constante fuente de ingresos para poder
costear el enorme gasto originado y en esa situación se llega a 1706 cuando
Felipe V resuelve incorporar a la Corona todos los Oficios que por cualquier
título, motivo o razón se hubiesen enajenado o desagregado de ella. Con ello se
perseguía ir centralizando todos los resortes financieros y de poder, típica
manera de actuar de los Borbones. El Correo era uno de estos Oficios cuyos
privilegios estaban en manos de la familia Vélez y Ladrón de Guevara, Condes de
Oñate, éstos presentaron los Títulos por los cuales poseían el Oficio de Correo
Mayor de España en la denominada Junta de Incorporación, la cual una vez hecha
la liquidación acordó compensarles con 868.471 reales y 33 maravedíes, pasando
de esta forma a incorporarse el Correo como una Renta más del Estado.
La necesidad de financiación de la guerra obligo a Felipe V a tener que
arrendar nuevamente los Oficios de Correo desde el 1 de agosto de 1707 con una
duración de cuatro años a Diego de Murga, Marqués de Monte-Sacro. Pasado este
período nuevamente volvieron a arrendarse los Oficios de Correo, esta vez a la
persona de Juan Francisco de Goyeneche, desde agosto de 1711 hasta el 10 de
agosto de 1716. Unos días antes de darse por finalizado este último
arrendamiento y motivado por la consolidación en el trono de la Casa de Borbón,
Felipe V nombra, el 8 de julio de 1716, en la figura de Juan Tomás de Goyeneche
el primer Juez Superintendente y Administrador Principal de las Estafetas de
dentro y fuera del Reino, y le encarga hacer del Correo un servicio más uniforme,
seguro y mejor administrado. En solo 4 meses se realizaron importantes reformas
y lo que es más importantes, se formó un primer Reglamento dado el 2 de
diciembre de 1716, cuyo objetivo principal quedaba perfectamente definido en la
primera frase del mismo, donde textualmente se dice: “Conbiniendo quitar las desigualdades que a habido en los portes de
dentro y fuera de España……”. Se retrata así fielmente, desde casi dos siglos atrás, el escenario en
el cual se abordó el primer intento serio de reformar el Correo, cuyo propósito
principal era centralizar su gestión e incluir su rédito como una renta más de
la Corona. A pesar de dicha tentativa perseguida con el Reglamento de diciembre de
1716, los 63 años de tiempo transcurridos hasta el Reglamento de 6 de agosto de
1779 que publicó nuevas tarifas postales que entraron en vigor a partir del 1
de septiembre siguiente resultan ser para la Historia Postal española los que
presentan mayor desconocimiento.
Por tanto en este nuevo espacio virtual que ahora se presenta renovado solo se persigue que sirva y ayude al aficionado que se acerque al conocimiento de la Historia Postal de España, centrándose en el período postal que va desde 1717 a 1850, donde se dedica un espacio para las Carreras Generales y su desarrollo durante el siglo
XVIII, que
con su cada vez más numerosas rutas transversales fueron la base
principal
sobre la que se cimentó el progreso y desarrollo de los medios empleados
para
el transporte postal.
Otras dos de las opciones que se presentan se dedican en su integridad a las tarifas postales, tanto nacionales como las que otros países de nuestro entorno aplicaban a la correspondencia nacida en nuestro país, que junto a nuevas aportaciones que en esta materia se mostrarán y de las que aún se desconocen muchos aspectos. A su vez se profundizará en la Historia Postal de
cada uno
de los Oficios de Correo que, gracias a la bibliografía consultada, sabemos dispusieron en algún momento de marcas postales para el control de la correspondencia que gestionaron mostrando siempre que ha sido posible de una representación gráfica de dichas marcas.
A modo de conclusión podemos aventurar que durante los 133 años que transcurrieron entre los
Reglamentos de diciembre de 1716 y la aparición del sello en 1850 los Oficios de Correo
retuvieron facultades que venían heredadas de siglos atrás para evolucionar hacia un sistema de comunicaciones moderno siendo uno de los factores
fundamentales en el desarrollo del país.
