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| Asalto a la ciudad de Barcelona en 1714 |
Carlos II fue el último Rey español de la dinastía de
los Habsburgo y no tuvo descendencia, por lo cual tuvo que elegir un sucesor,
entre los cuales el que más derechos tenía era el archiduque Carlos de Austria
(de la rama austriaca de los Habsburgo) y también Felipe de Anjou (de la casa
de Borbón). Finalmente Carlos II nombró como sucesor a Felipe de Anjou, nieto
del Rey de Francia y monarca más poderoso de Europa, ya que era el mejor aliado
para una España ya muy debilitada. Aun así, cuando Felipe de Anjou subió al
trono como Felipe V, las mayores potencias europeas se alarmaron debido a la
posible unión de Francia con España, ya que además Luis XIV había reconocido
los derechos sucesorios de Felipe V al trono francés. Por ello, Inglaterra,
Holanda y Portugal apoyaron al candidato austriaco en su lucha por el trono
español provocando la Guerra de Sucesión, la cual fue una contienda europea
(enfrentamiento del bando franco-español contra Austria, Inglaterra, Holanda y
Portugal, y, posteriormente también Saboya) y una guerra civil española puesto
que la Corona de Aragón fue partidaria del candidato austriaco, mientras que la
Corona de Castilla apoyó al candidato francés.
El 25 de agosto de 1705, con el beneplácito de la
población, desembarcó en Barcelona el Archiduque Carlos de Austria al frente de
un ejército de 20.000 hombres. El Archiduque, viendo las muestras de afecto de
los catalanes, decidió establecer su capital en Barcelona e iniciar desde allí
su conquista sobre el resto de España. El 16 de noviembre de 1705, el Consejo
de Aragón, en abierta traición, reconoció como Rey al archiduque Carlos de
Austria. La nueva traición de Cataluña generó que Felipe V, a comienzos de
1706, tuviera que desplazar hacia la zona el ejército que defendía la frontera
con Portugal. Felipe V consiguió sitiar Barcelona con su ejército, pero la
llegada de una escuadra aliada a Barcelona y sobre todo la rotura del
desguarnecido frente portugués le obligó a levantar el asedio de Barcelona y
dirigirse rápidamente hacia Madrid.
Los aliados tomaron Ciudad Rodrigo y Salamanca. Felipe
V temiendo ser derrotado trasladó su Corte a Burgos y abandonó Madrid. El
Archiduque Carlos de Austria dejó Barcelona y entró con sus ejércitos en
Madrid, donde esperaba ser proclamado Rey, al igual que en Barcelona, pero la
población madrileña era leal a su verdadero Rey y le fue tremendamente hostil.
El 25 de abril de 1707 el ejército franco-español del Duque de Berwick derrotó
de forma aplastante a los aliados dirigidos por el Marqués de Ruvigny en la Batalla
de Almansa. Esta victoria permitió a los borbónicos tomar Valencia, Zaragoza y
finalmente Lérida, el 14 de octubre de 1707.
1708, 22 de noviembre. Carta
circulada de Huesca a Versalles y reexpedida a Ingrandes.
Anotación
aplicada en la oficina militar: De L.
d´Espagne, (Del Ejercito de España).
Anotación de porte manuscrito 17 soles. Fondo gráfico.
En 1710 los aliados iniciaron su última ofensiva
buscando obtener la victoria de una vez por todas. El Archiduque Carlos inició
sus avances en España, su ejército al mando del Príncipe Starhemberg y apoyado
por voluntarios catalanes y valencianos derrotó el 27 de julio de 1710 a los
borbónicos en la batalla de Almenara, tomando posteriormente Zaragoza y Madrid.
Felipe V avanzó rápidamente con sus tropas hacia Madrid derrotando al general
aliado James Stanhope en la Batalla de Brihuega el 9 de diciembre de 1710. El
Príncipe de Starhemberg intentó ayudar a Stanhope con el resto del ejército
austriaco pero llegó tarde y fue asimismo derrotado al día siguiente, el 10 de
diciembre de 1710, en la Batalla de Villaviciosa. Estas victorias borbónicas y
el enorme apoyo de la población de los territorios de la Corona de Castilla
aseguraron el trono casi definitivamente para Felipe V.
El estancamiento militar y el cambio de postura de
Inglaterra permitieron que en abril de 1713 Francia e Inglaterra firmaran la
paz, el mes siguiente España, un poco forzada por la salida de la guerra de su
principal aliada firmó la paz con Inglaterra el 27 de marzo de 1713.
Progresivamente el resto de potencias se fue sumando a los acuerdos de paz de
lo que posteriormente se llamó el “Tratado de Utrecht”, que ponía fin a la
sangrienta guerra de Sucesión Española. En
Utrecht los países europeos alcanzaron la paz, pero la guerra no terminó del
todo, pues Cataluña seguiría resistiendo contra Felipe V, aunque ya sin el
apoyo de los ejércitos austriacos.
El 11 de
septiembre de 1714, el Duque de Berwick ordenó el asalto a la sitiada ciudad de
Barcelona, la cual, pese a que se defendió con decisión finalmente tuvo que
rendirse. Con la caída de Barcelona se ponía fin a la rebelión de la Corona de
Aragón, una insurrección que pagó con la pérdida definitiva de sus fueros, la
disolución de sus órganos políticos y la imposición del centralismo castellano
donde Felipe V aprovechó su victoria para crear una nueva España.
1714, 26 de abril. Carta
circulada de Madrid a Gerona.
Despachada
por el correo de Francia y no por el correo español al estar Barcelona rodeada
por las tropas francesas y así evitar el conflicto y llegar al norte de
Cataluña vía Perpiñán. Anotación aplicada en la oficina postal de Paris: de Madrid. Anotación de porte
manuscrito 12 soles. Fondo gráfico.
1714, 24 de agosto. Carta
circulada desde el campo delante de Barcelona a Arles.
Despachada
por el correo militar de Francia lleva la marca DEL ARM· DE CATALOGNE.
Anotación de porte manuscrito 12 soles. Fondo gráfico.
La Guerra de Sucesión acabó con el poder hegemónico de
España en Europa, a partir de entonces Inglaterra y Francia serán las potencias
dominantes en el continente europeo. España perdió poder político y militar,
pero por lo menos ganó una familia de gobernantes que tratarían de emprender
las reformas sociales y económicas que tanto necesitaban los habitantes del
país y de sus colonias. La Guerra de Sucesión permitió la forja de España como
nación unificada y prospera. La llegada de la nueva familia reinante, la Casa
de Borbón, significó también la llegada de la ilustración y el progreso,
acabando, poco a poco, con el medievalismo que aún estaba latente en España.
Por último, las sucesivas guerras que sacudirían Europa en todo el siglo XVIII
permitirían que España recobrara parte de su prestigio junto con algunos
territorios perdidos en el Tratado de Utrecht.
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