LA FECHA 14 DE NOVIEMBRE DE 1728 MARCA UNA NUEVA FRONTERA DE GRAN IMPORTANCIA EN EL CORREO CERTIFICADO OFICIAL.
Estudiando un
nuevo archivo postal, fechado entre finales del siglo XVII y mediados del siglo
XVIII, sobre la correspondencia que mantuvieron los Administradores
Procuradores de la Santa Casa de Loyola, pertenecientes a la Orden de Jesús,
con los Administradores de sus Colegios Mayores situados por la Península,
quiso el azar que ante mi surgiese una excepcional pieza postal que está
llamada a arrojar nuevos datos y elementos significativos que harán aumentar el
conocimiento y la idea que hasta ahora se tenía sobre el sistema de envío más
especial que disponía la Renta de Correos desde que es incorporada por la
Corona como un patrimonio más del Estado, un certificado. De las
primeras referencias que encontramos en España de este preliminar tipo de
correspondencia lo conocemos conservado en el Archivo Municipal de Barcelona, donde
se cita textualmente: “Lo exhibidor de la
present apellat Bartholomeu Roger arribá en Valencia e dona lo plech de les
letras que portá decrat ami dels molts magnifics Senyors de Consellers de la
ciutat de Barchinone dimecres demati ans de sis horas ques comptaua xxviij del
present mes Febrer any MCCCCLViiij. En testimoni de la cual cosa Jo Daniel
Bertran notari escriua del Sr. Rey li fas la present certificació de ma propia
dit dia”. 1)
Estos primitivos
documentos trataban de registrar y consignar que el envío de pliegos se había
recibido por el destinatario, siendo lo acostumbrado el solicitar un
comprobante en los viajes realizados por los correos, siendo la forma habitual
de tomar razón de ello, disponiendo la persona que había realizado el
transporte de la prueba de haber llevado a cabo su cometido. Fueron los correos
al servicio del Rey los principales propulsores de esas primitivas
certificaciones, denominados como “correos
extraordinarios” en el diccionario de la Real Academia de 1780 para acabar
llamados comúnmente “correos de gabinete”,
quienes debían si les era requerido al paso por diferentes poblaciones donde
existiese estafeta tomar certificación al Correo Mayor de la misma de los
despachos y pliegos que llevaban para ella.
1600, 3 de junio.
Sería un grave error analizar un certificado de principios del siglo XVIII con los patrones actuales o simplemente con patrones de lo que era entendido en el siglo XIX por correo certificado, es evidente que para analizar con rigurosidad una pieza postal hemos de situarnos en la fecha de su circulación y a su vez estudiar su contexto, como se entendía y como funcionaba el Correo en los años en que circuló para situar exactamente cada pieza en su entorno histórico. La pieza postal motivo de este artículo circuló en el mes de noviembre de 1728, por entonces el correo hacía 11 años que había sido incorporado por el Rey Felipe V como una renta más de la Corona mediante el Reglamento dado en Madrid el 2 de diciembre de 1716.
Vaya despachado desde Bruselas a Lerma (España), en toda diligencia, transportando los despachos del Rey para su Real Servicio. Porta pliegos para los Correos Mayores de Paris, Irún y Vitoria constando textualmente “Del entrego de los dhos despachos ha de tomar certificación declarando el día y ora en que los entregase”. 2)
Debido a la
extraordinaria naturaleza de este tipo de correspondencias no debe de
sorprendernos que al día de hoy existan numerosos interrogantes entorno a como
se originó y a como fue evolucionando. Originariamente este modelo de
correspondencia buscaba, mediante un recibo firmado por el destinatario, la
confirmación por parte del remitente de que dicho correo había llegado a sus manos,
con ello se aseguraba el expedidor que el destinatario recibía las noticias o
documentos que le eran despachados no pudiendo por ello alegar desconocimiento,
lo que podríamos denominar un acuse de recibo, persiguiendo el objetivo de garantizar al que remitía el
pliego que el receptor lo había recogido. Más referencias sobre los
orígenes de estos acuses de recibo las encontramos en la obra “PARTES DE CORREOS DEL SIGLO XVI” del
célebre Doctor Thebusem 3). Este sistema, en que inicialmente se
buscaba la prueba o confirmación de que el destinatario había recibido el
correo remitido, poco a poco fue perfeccionándose hasta lo que hoy conocemos
por un correo certificado. Sin embargo no debemos de perder la perspectiva de
que este cambio fue produciéndose muy lentamente mientras se iba afinando el
modelo, por ello hemos de ser cautos a la hora de situarnos exactamente en el
tiempo y definir lo que en aquellos años era entendido por un certificado.
1658. Documento donde se exige que se entregue al correo recibo de la entrega del despacho.4)Sería un grave error analizar un certificado de principios del siglo XVIII con los patrones actuales o simplemente con patrones de lo que era entendido en el siglo XIX por correo certificado, es evidente que para analizar con rigurosidad una pieza postal hemos de situarnos en la fecha de su circulación y a su vez estudiar su contexto, como se entendía y como funcionaba el Correo en los años en que circuló para situar exactamente cada pieza en su entorno histórico. La pieza postal motivo de este artículo circuló en el mes de noviembre de 1728, por entonces el correo hacía 11 años que había sido incorporado por el Rey Felipe V como una renta más de la Corona mediante el Reglamento dado en Madrid el 2 de diciembre de 1716.
La Renta de Correos en aquellos
años arrastraba el haber funcionado de forma particular donde existió una
verdadera anarquía de precios, que eran reglados a criterio propio de cada
administrador para evolucionar hacia un sistema centralizado que perseguía, a
través del Reglamento de diciembre de 1716, una uniformidad y normalización del
servicio; este fue un proceso lento que duró hasta la publicación del siguiente
Reglamento para la cobranza de portes que se dio el 6 de agosto de 1779, y que
entró en vigor el 1 de septiembre siguiente de dicho año. Este período de casi 63 años fue
una etapa de transición, de cambiar modelos arcaicos muy arraigados en la
cultura popular a nuevos sistemas más eficientes, en 1845 el entonces Sr.
Director de Correos, Javier de Quinto 5) resume perfectamente lo que
fue dicho período que comenzó en 1717, “Una
de las grandes imperfecciones de que adolecían consistió en que solo
reconociesen tres clases de cartas: sencillas, dobles y onza de paquete. No se
consignaba además ni el peso que había de distinguir a la carta sencilla, ni el
de la doble, ni se establecía progresión alguna entre esta y la onza, ni menos
se fijaba la manera de portear los paquetes que excediesen de ese peso. De aquí
dimanó, en el acto mismo de la ejecución, que cada oficio procediese en la
regulación de los portes conforme a la tarifa, según la práctica observada
anteriormente en ellos, y el Correo General, inmediato a los Jefes del Ramo, se
vio obligado a portear con seis o siete precios, a pesar de que no eran más que
tres los autorizados en aquel decreto”. Y más adelante nos apunta:”Aquella reforma, sin embargo, por mas que
aparezca tan distante de la perfección, supone un gran paso dado hacia el orden
y la regularidad.”
Analizado el espacio de tiempo que
transcurrió entre los dos Reglamentos de 1716 y 1779, el siguiente paso a
realizar es buscar la definición de lo que se entendía por correo certificado
en los documentos postales de la época, lo mas cercano a la fecha de noviembre
de 1728, fecha en que circuló el certificado motivo de este análisis. Según el DICCIONARIO DE AUTORIDADES DE 1729 6)
significaba: “Asseveración, autoridad,
con que se assegura y hace cierta alguna cosa: puede ser de palabra o por
escrito (….) Se llama también el recibo que el Estafetero se obliga a traher de
la persona a que va dirigido algún pliego de importancia con encargo
particular, para que conste haber llegado a sus manos”. Vemos como el
primitivo acuse de recibo traído por correos extraordinarios, ahora ha variado,
y es la persona que esta al frente de la estafeta de origen la que produce este
tipo de documento, o lo que es lo mismo, es la Renta de Correo la que tiene
establecido este sistema para el envío de este particular tipo de
correspondencia. Una vez nos hemos posicionado a la realidad postal en que se
sitúa la circulación del certificado procederemos al estudio y análisis de
dicha pieza postal, la cual nos deja una nueva frontera y nos acerca a esa
fecha en la que se produjo la transición entre lo que en sus orígenes era un
acuse de recibo para acabar siendo un correo certificado.
14 DE NOVIEMBRE DE 1728
Con esta fecha se firmó en
Valladolid el recibo por parte del destinatario con el que el administrador de
la estafeta de Tolosa, a su entrega al remitente aseguraba por parte de la
Renta de Correo, que el pliego certificado que transportaba había sido entregado.
ANVERSO DEL CERTIFICADO
1728, (14 de noviembre). Cubierta de pliego certificado en origen, circulada por mediación de la estafeta de Tolosa a la estafeta de Valladolid. Marca manuscrita CERTIFICACION A TOLOSA. Marca manuscrita de porteo de 27 QTOS, trazos manuscritos en aspa y marca manuscrita que referencia el peso que transportó, 3 ONZAS. Archivo Histórico de Loyola. Correspondencia de los Administradores y Procuradores de Loyola.
REVERSO DEL
CERTIFICADO
Recibí firmado al dorso: “RUI EL PLIEGO QUE VENIA CON ESTA CUBIERTA = VALLD: Y NOVIEMBRE 14 DE 1728=” PEDRO DE SOLIS. Archivo Histórico de Loyola. Correspondencia de los Administradores y Procuradores de Loyola.
El pliego que se envió con esta
cubierta se dirigió al Padre Pedro de Solís, Procurador General de la provincia
de Castilla cuya sede se encontraba en Valladolid y que había accedido a ese
puesto en ese mismo año7), donde desempeñaba el cargo de ecónomo
local, quien era la persona que mira por los negocios de las casas a su cargo.
Este envío procedía de la Casa Madre en Loyola y fue remitido por el Padre
Martín de Vergara quien realizaba el cargo de Procurador General de la Orden. Antes de proceder al estudio de
esta pieza postal hemos de advertir como en los primeros años, una vez se
oficializa el Correo en 1717, no existen marcas de cuño para este tipo de
correspondencias y todas eran realizadas de forma manuscrita por el responsable
de la estafeta de origen; las únicas marcas de cuño existentes eran las “de origen”, que muestran la estafeta de
procedencia del sobrescrito y las “de franquicia” que se estampaban con un cuño
denominado Sello Negro. Del análisis realizado a esta pieza postal podemos
destacar varias características propias del correo certificado
1º-. Al ser escrita la marca de certificado por el responsable de
la estafeta de Tolosa y según se especifica en el DICCIONARIO DE AUTORIDADES DE 1729, se asegura un seguimiento y un
tratamiento diferenciado ya que ha de volver a su origen la cubierta que
transportó el pliego que contenía como prueba de su entrega al destinatario,
por consiguiente, es gestionada por el correo oficial.
2º-. El destinatario firma la cubierta como recibí de que se le ha
entregado el pliego que transporta dicha cubierta.
3º-. Se aplica a dicho envío una tarifa en función del peso que
transportó.
Esta magnífica pieza postal nos
permite además explorar otros aspectos gracias a las marcas que se encuentran
manuscritas en su anverso, y entre ellas destacamos la población que es el
origen de la marca manuscrita postal de certificado, Tolosa. Como hemos descrito
anteriormente el envío tuvo su origen en Loyola, lugar donde esta enclavada la
Basílica de San Ignacio por ser el lugar de nacimiento de dicho Santo, desde
aquí eran gestionados todos los Colegios Mayores de la Orden de Jesús
repartidos por la geografía española y administrados los numerosos negocios de
que disponía la Orden, lo que originaba un considerable volumen de
correspondencia que le llegaba o era despachado a través de la estafeta de
Tolosa, Villa situada en la Carrera de la Mala, la cual unía la capital del
Reino con la Villa de Irún, manteniéndose a través de esta Villa fronteriza las
comunicaciones con otros países y territorios. En 1721 vemos aparecer la Villa
de Tolosa en el primer mapa de postas de España 8).
Sección
del mapa postal de H. Jaillot de 1721.
Según la tipografía utilizada en
el mapa anterior para definir las Villas, Tolosa es destacada por encima de
ciudades como San Sebastián o Vitoria, no debemos olvidarnos que el mapa
anterior refleja los itinerarios que de forma radial parten de la capital del
Reino, Madrid, además, la Villa de Tolosa disponía de vías de comunicación con
Pamplona y por consiguiente con el Reino de Navarra. Desde sus orígenes Tolosa mantuvo
una relevancia singular en la Historia de Guipúzcoa, siendo Villa amurallada e
importante Plaza militar que recibió numerosos privilegios reales, justamente
en las Juntas Generales de Guipúzcoa ocupaba un puesto de primacía en la
Asamblea junto a San Sebastián, llegando en el siglo XIX, entre 1844 y 1854, a
ser la capital de la provincia de Guipúzcoa.
MARCA POSTAL DE CERTIFICADO
La marca postal de certificado
nos apunta la existencia en Tolosa de una Administración o Caxa de correos de
importancia, las marcas de certificado tienen incorporada una característica
añadida al ser unas marcas de encaminamiento, ya que identifican la Caxa de
origen a la que ha de retornar el comprobante de entrega, en 1728, fecha en que
circuló este certificado, Tolosa era lo suficientemente relevante e importante
para escribirla como origen en la marca de certificación y que la Caxa de
Valladolid, lugar de destino del pliego certificado, identificase sin lugar a
dudas la Caxa de origen, a donde debía remitirse la cubierta firmada al dorso
por el destinatario como prueba de que el pliego que transportaba le había sido
entregado.
Marca
inédita CERTIFICACION A TOLOSA.
En 1736, ve la luz la primera
publicación para encaminar las correspondencias a través de las Caxas Principales
existentes en España, siendo escrita por Blas Alonso de Arce 9).
Página
de la obra de Blas Alonso de Arce donde se muestra la villa de Tolosa.
Curiosamente la Villa de Tolosa
no aparece como Caxa Principal en la obra de Blas Alonso de Arce, aunque debido
a su ubicación estratégica, importante y destacada de la región en esos primeros
años en que se oficializa el correo, tuvo que ser un importante enclave por
donde transitaba mucha correspondencia, y representa un caso muy llamativo de
los primeros años de la Historia Postal oficial, ya que aunque no hay
constancia por las publicaciones de la época de que fuera una Caxa Principal
del Reino, dispuso, al igual que las Caxas Principales, cuño postal propio 10).
Cuño
Postal de Tolosa registrado en 1739.
REFERENCIAS POSTALES
DE PORTEO Y PESO
El Reglamento de 2 de diciembre
de 1716 anteriormente referido, en cuanto al correo certificado nos indica “Y por los pliegos certificados se ade llevar
lo mismo que hasta ahora se ha practicado en esta Corte, observándose la misma
regla en los demás oficios del Reyno”. Dicho Reglamento nos advierte de la
existencia de esta modalidad de correo y con la publicación en esta ordenación
queda oficializado y disponible su uso de manera pública. La falta de documentos que nos
muestren aquellas primitivas tarifas, que para el correo certificado se usaron
a partir del Reglamento de 2 de diciembre de 1716, son hoy en día una verdadera
incógnita, si a ello sumamos la excepcionalidad de estos primeros documentos 11),
hace que al día de hoy las lagunas de nuestro conocimiento sobre esta materia
sean realmente formidables. De toda la primera mitad del siglo XVIII, la única
imagen de la cubierta de una certificación que lleve porteo del Correo español,
es la descubierta por Fernando Alonso García, circulada de León a Madrid con un
porteo de 12 maravedíes, que corresponde al porte de una carta sencilla
circulada de Castilla la Nueva o Castilla la Vieja a Madrid. De ahí el asombro cuando
comprobé, al observar por primera vez la cubierta, la existencia de 2 referencias
que indicaban el porteo y el peso del pliego transportado.
Marca
postal de porteo.
Marca postal de peso.
Este hecho hace que nos hallemos
ante una pieza única y verdaderamente excepcional dentro de la Historia Postal
de España, al englobar en su cubierta la marca postal de certificación y las
referencias de porteo y peso. Hemos definido como las marcas de
certificado son marcas manuscritas por los administradores de las Caxas de
origen y que indican la Caxa a donde ha de retornar el recibí del destinatario,
puede advertirse como la marca de certificación está escrita con un tipo diferente
letra usándose un trazo más grueso que la dirección de entrega de la cubierta,
asimismo se encuentran subrayadas las palabras que forman su leyenda, este
mismo subrayado lo encontramos en la referencia del peso, siendo común la misma
letra en las 3 marcas del anverso de la cubierta lo que nos indica que todas
fueron manuscritas por el administrador de la Caxa de Tolosa, por lo que el
porteo y el peso se establecieron en la estafeta de origen.
Afirmar que la tarifa que se
utilizó para el cálculo del porte del pliego fuera de 9 cuartos por onza
transportada, resultante de la división del porteo entre peso, siendo esta
cierta resultaría extremadamente aventurada debido a la inexistencia tanto de
tarifas, como de documentos y normativa sobre certificados, recordemos que el
Reglamento de 2 de diciembre de 1716 no regula más allá de la onza de peso, sin
embargo nos permite disponer de una primera referencia para futuras
investigaciones.
CONCLUSIONES
Después de todo lo expuesto
podemos obtener las siguientes conclusiones:
1º.- Se trata de la primera y
única certificación conocida de la primera mitad del siglo XVIII de la que
existe la firma del destinatario como comprobante de haber recibido el pliego
transportado.
2º.- Es el primer documento
certificado conocido de la primera mitad del siglo XVIII en el que se incluye
en el anverso de su cubierta tanto el peso como el porteo del pliego que
transporto, lo que nos da la primera referencia de una tarifa de correo
certificado utilizada por el Correo oficial.
3º.- Este certificado se ajusta
perfectamente a la definición que del concepto “certificación” y “certificado o
correo certificado” hace el DICCIONARIO
DE AUTORIDADES DE 1729, este certificado circuló en 1728.
4º.- Es la primera certificación
conocida de la primera mitad del siglo XVIII en la que la estafeta que
certifica el envío no es una Caxa Principal del Reino, según la obra de Blas
Alonso de Arce, y sin embargo dispone de la categoría postal necesaria para
realizar este modelo de correspondencia.
El documento postal estudiado
aporta nuevos conocimientos hasta ahora inéditos en la magnífica Historia
Postal de España, plantea futuros y apasionantes retos a los investigadores
postales a medida que se vayan descubriendo nuevas aportaciones y establece una
nueva fecha, 14 de noviembre de 1728,
en la que se considera ya realizada la transición que se dio desde el inicial
modelo de pruebas de entrega, llamadas acuse de recibo, al correo certificado.
BIBLIOGRAFIA Y NOTAS:
1). Publicado en ANALES DE LAS ORDENANZAS DE CORREOS DE ESPAÑA.
Madrid 1881. Tomo 1º página 440; también en EL REINO DE VALENCIA Y SUS CORREOS, editado por FESOFI en 1997, cuya trascripción dice: “El
portador de la presente, llamado Bartomeu Roger llegó a Valencia y dio el
pliego de las cartas y escrituras que llevaba dirigidas a mi de los muy
magníficos señores consejeros de la ciudad de Barcelona, el miércoles por la
mañana a las seis horas que contaban el día 23 del presente mes de Febrero del
año 1459. En testimonio de lo cual yo Daniel Bertran, notario escribano del
señor Rey le hago la presente certificación de mi propia mano en dicho día”.
2). ARCHIVO HISTORICO DE LOYOLA. Fondo Historia. Caja 27, Nº 26.
3). ORIGENES DEL CORREO CERTIFICADO EN ESPAÑA. José María Sempere
Luque, Atalaya Filatélica Nº 122. “Don Mariano Pardo Figueroa transcribe 16
partes entre los años 1588 a 1599 de los que en 9 de ellos se exige al Correo
que regrese con certificación de la entrega de los despachos.
4). APUNTES SOBRE EL VIRREINATO DE SICILIA. LA CORRESPONDENCIA DE
LOS VIRREYES. Carlos Celles, Academus, Nº 13. “El uso de los acuses de recibo
en la correspondencia vicerregia fue una práctica habitual para el envío de
estas circulares. Existen suficientes documentos impresos que acreditan su uso
desde principios del siglo XVII, aunque, con toda probabilidad, ya se habría
utilizado en el siglo anterior.
5). ANALES DE LAS ORDENANZAS DE CORREOS DE ESPAÑA. TOMO II, Pag.
252. Real orden remitiendo al Director de Correos para su informe algunas
observaciones hechas respecto a las tarifas.
6). ORIGENES DEL CORREO CERTIFICADO EN ESPAÑA. José María Sempere
Luque, Atalaya Filatélica Nº 122.
7). ARCHIVO HISTORICO DE LOYOLA. Información facilitada al autor: “cuando
accede al cargo de Procurador Provincial el P. Pedro Solís, éste mantiene a su lado al H. Altolaguirre. Ambos
colaboran juntos en la Procura de la Provincia de Castilla durante tres años
(1728-31), bajo el Provincialato del P. Juan de Villafañe (1727-31). Una de las
últimas medidas de éste es el destino del P.
Pedro Solís a Madrid como Procurador ante la Corte, el 30 de agosto de 1731”.
8). ESPAÑA DIVIDIDA EN TODOS SUS REINOS Y PRINCIPADOS, DONDE SE
RECOGEN CON EXACTITUD Y OBSERVACION TODOS LOS CAMINOS DE POSTAS DE ESPAÑA,
SIGUIENDO LAS MEMORIAS DE LOS CORREOS MAYORES DE MADRID. Año 1721. Autor H.
Jaillot.
9). DESCRIPCION GENERAL PARA ESCRIVIR A TODAS LAS CIUDADES DE
ESPAÑA, VILLAS, Y LUGARES MAS REMOTOS DE ELLAS, REINOS, Y POTENCIAS
ESTRANGERAS……… Año 1736. Autor: Blas Alonso de Arce, Primer Oficial Interventor
por su Majestad de la Estafeta General de Castilla.
10). PREFILATELIA ESPAÑOLA. Edición 2004. Autor: Manuel Tizón
Duclaud.
11). Al día de hoy se conocen 2 certificados de la primera mitad
del siglo XVIII. En el artículo titulado TRAS LA PRIMERA CARTA CERTIFICADA DEL
CORREO ESPAÑOL, de José María Sempere Luque, nos apunta una certificación
descubierta por Fernando Alonso García, CERTIFICACION
A LEON, de fecha 21 de enero de 1717; también nos apunta otra con la
anotación manuscrita CERTIFICACION A
TUDELA, descubierta por Luís María Marín, reproducida en su obra Historia
Postal de Navarra, pero de la que se carece de la imagen de dicho documento.
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fondos gráficos de imágenes de colecciones de amigos, aunque he cuidado de
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